El conejo verde




Cuando Tania cumplió dos meses, nos fuimos de vacaciones a la playa. En esas vacaciones, la tía de Nico le regaló un conejito verde que se lo acomodamos bien cerca de su cabeza mientras dormía. Al día siguiente hicimos lo mismo. Y al que siguió, otra vez lo mismo. Tania tiene un año y siete meses y, hasta ayer, dormía con su conejito verde desde que entraba en ese colchoncito que ven en la foto. Digo dormía porque anoche el conejo de orejas largas mágicamente desapareció. Como el de Alicia en el País de las Maravillas.

Este día se conocieron Tania y el conejo verde.

Una vez más, como todos los días antes de mandarla a dormir, me pasé 40 minutos levantando almohadones, corriendo muebles, abriendo cajones, revolviendo el canasto de la ropa sucia, moviendo cortinas y hasta mirando entre la basura de la cocina, para encontrar al bendito conejo que nunca apareció. Esa sensación de alivio cada vez que aparecía, ayer no llegó. Ella, igual, se acostó en su cuna y se durmió como si nada hubiera pasado.


Cuando viajamos ella también se dormía con él. "Má", lo llamaba. (Quiero llorar que desapareció!!! ¿Dónde estás, conejo???) 


Yo me quedé totalmente desconsolada pensando en que había perdido su conejo de dientes salidos. Su confidente de cada noche, su mimo en la cara. Y pensé, también, una vez más, que los chicos son mucho más flexibles y livianos que nosotros. Que su sueño y su tranquilidad pasaba por otro lado, mientras yo pensaba que era "gracias a su conejo verde". 

¡Buen martes para la gente! Se viene una semana de lluvia, otra vez, así que a arremangarse los pantalones y dejar que corra el agua.










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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.