De dientudos y cañas quebradas




Vengo mirando las banquinas de casa con ganas, desde hace varias semanas. Digo con ganas porque están bien cargadas de agua, con algunas nutrias que van y vienen, con flores que parecieran ser nenúfares, y lo que parecieran ser pequeños peces que saltan cada tanto.




En el verano les compré dos cañitas a las chicas que quedaron guardadas en un cajón. Mis ganas de pescar también parecieron quedarse en ese cajón, pero desde hace mucho más tiempo. Cuando éramos chicos el mejor programa durante los días de lluvia de verano, era irnos a un puente o a un montecito, a pescar dientudos. Éramos un malón que partía con pic nics, lombrices y botas de goma. Volvíamos con dientudos, bagres, lisas, las manos llenas de escamas y las uñas, de tierra. Empezaron a pasar los años, fuimos creciendo, y esto de ir al arroyito se transformó en un programa exclusivo para los más chiquitos.




El jueves pasado volví a pescar. No llevamos lombrices (¡nuestra carnada fue una salchicha cruda cortada en pedacitos!), pero llevamos una canasta, dos cañas, una manta donde sentarnos, y mucho Off. Mila se puso la gorra de su papá y a Tania no le faltó su conejo ni su chupete. Hubo pique, pero no logramos sacar al dientudo que luchaba contra el anzuelo mínimo de nuestra caña quebrada. Después de un rato ellas se cansaron. Agarraron el camino, buscaron piedras, comieron galletitas. Yo me saqué esas ganas de volver a pescar, de sentarme a esperar que pique la boya y ver algo colgado del otro lado de la línea. El dulce encanto de esperar. Cosas que pasan por acá un jueves cualquiera cuando una tiene la suerte (y el tiempo) de volver a jugar.





¡Buena semana larga para todos! 


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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.