T de Tilo




Suena la campana. Deben ser las 5 de la tarde. Desde donde sea que estemos, los que tenemos menos de 11, corremos a sentarnos alrededor de una mesa baja de madera. Hay algunas sillas que no siempre alcanzan para los que somos. Atrás, inmóvil, el banco de piedra que "pincha y quema", si se te ocurrió estar en traje de baño, también nos da un lugar para sentarnos. Sobre la mesa hay una bandeja con vasos naranjas, casi todos con los bordes mordidos, una lata extra large de Nesquik, una canasta con galletitas Lincoln y un bowl con el dulce de leche casero más rico del mundo. Vamos llegando, de a poco. Desde la pileta, desde la cancha de paleta, algunos vienen directo de la playa y otros, se acaban de bajar de un caballo. En patas, en alpargatas, en zapatillas, en botas. Todos los pies descansan sobre una alfombra de pelotitas conocidas: las que en enero larga ese tilo soñado que hace las veces de sombrilla y techo para todos los que, cada día, vivimos el ritual de las 5 de la tarde.

Si tengo que decir cuál es uno de mis árboles preferidos, diría que es el tilo. No sé si es el que más me gusta de todos, pero cada vez que lo huelo, es imposible que no me traslade a esas tardes llenas de dulce de leche y galletitas Lincoln.

Desde que vivimos acá, cada año, en lo posible, vamos plantando nuevos árboles que seguramente van a ser las chicas quienes más los disfruten. Nico siempre elige todos aquellos que le hacen acordar a Bariloche (pinos, araucarias, muérdagos). Yo voy a los que me llevan a mis veranos en el campo. Desde acá, donde escribo, siempre tengo mi tilo a la vista. No sé si alguna vez ellas tomarán sus Nesquiks ahí abajo. Ni tampoco si sonará una campana y después de ese sonido aparecerán una docena de chicos corriendo para sentarse alrededor de una mesa. Pero mientras haya un tilo cerca de casa, siempre va a ser una posibilidad.

¡Buen jueves para todos! ¡A ver si este señor frío se va de una vez y empezamos a disfrutar de la escondida primavera!



 


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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.