Dejar de contar




Ayer saqué una conclusión. Ya la había sacado hace tiempo, pero ayer me senté y la escribí en borrador en un papel como para no olvidarme. Tiene que ver con contar.

Pienso que cuando dejás de contar los días desde que sucedieron algunas cosas (días desde que arrancaste la dieta, días  desde que cortaste con tu ex, días desde que murió alguien, días desde que empezaste a trabajar, días desde que llegaste a vivir un lugar nuevo, días desde que empezaste un blog, días desde que nació nació, días que faltan para las vacaciones, días, días, días), es que hay algo que se acomodó adentro tuyo. Finalmente aprendiste que si dejás de contar las horas, los minutos, los segundos, las semanas, los meses, y hasta los años, las cosas van solas. No necesitan un cronómetro que les corra por atrás. Porque todo tiempo es relativo. Un año puede pasar volando para unos, y ser un calvario para otros. Diez días pueden ser segundos cuando estás de vacaciones; o pueden parecer seis meses si estás esperando un resultado.


Entonces sugiero dejar de contar. Dejar de  contar con uno, dos, tres, cuatro. En vez, contemos historias. De las que pasan más allá del tiempo. De esas que transforman segundos de risas en recuerdos eternos. Contemos esas historias. Y si no las contamos porque no sabemos contar, al menos mirémoslas. Son esas mismas historias las que van a hacer que el tiempo, si tiene que pasar, pase. Y si tiene que detenerse, se detenga











¡Buen martes para todo el mundo! De paso, les cuento que estoy inmensamente feliz porque Tejiendo Infancia esta semana va a estar llegando a nuevos lectores!


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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.