El último resabio




Ayer escribí en Google: "paladares de chicos que usaron mucho tiempo chupete". Esperé unos segundos. En mi teléfono aparecieron una seguidilla de fotos de dientes y mandíbulas, bastante feas. Di vuelta la pantalla del teléfono y se la mostré a Mila, que abrió los ojos más grandes de lo que ya los tiene: "Mirá, así te puede quedar tu boca si seguimos usando el chupete".

En esa estamos en estas vacaciones de invierno. En dejar el bendito chupete, al menos, durante el día. Ya vamos tres, y el síndrome de abstinencia no es tan trágico como lo habíamos pensado. Cada tanto se me acerca y me dice: "Mamá, ¿me mostrás otra vez la foto de los chicos que usan mucho el chupete?". No sé si es la técnica más pedagógica, pero nos está funcionando bastante bien. A ella y a nosotros.


Usó ese chupete que tiene en la foto, desde la semana uno (se lo dio mi mamá un día  que la dejé con ella), hasta que cumplió un año y medio. Nunca lo perdimos. Ah, sí, lo perdimos en un paseo por el campo y a la semana lo volvimos a  encontrar. Lo sigo teniendo guardado en un cajón, todo partido al medio.


El affaire de los padres con los chupetes es pura histeria. Cuando son chiquititos y no lo agarran, nos desesperamos. Y cuando son grandes y no lo sueltan, nos volvemos locos. Quién nos entiende. El otro día pensaba en voz alta que el chupete es el último resabio que le queda a ella, mi primera bebé, de seguir siendo, justamente, un bebé. Me dio nostalgia. Calculo que esa misma nostalgia es la que me hizo postergar este momento, que está siendo mucho más agradable de lo que lo imaginé.


¡Buen miércoles para todo el mundo!









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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.