No está mal (pensar mal)




Las mamás nos quejamos un montón. Lo sabemos todas las que tenemos hijos. Las que los tenemos de 19 meses, o de 3 años, las que los tenemos de 10, de 14, de 27… "Hay 100 millones de madres en el mundo, ¿cómo te crees que hacen?", me dice mi marido cuando le digo que estoy cansada, que no puedo más, que necesito dormir. Mi respuesta es siempre la misma: "Todas nos quejamos. Unas más, otras menos, pero todas nos quejamos". Los amamos, con todo el corazón, toda el Alma, no nos cambiaríamos por nada ni nadie en el mundo, elegiríamos una y mil veces esta vida, pero nos quejamos. 


Así como llegan las ganas de comérmelas crudas con sus berrinches y pataletas, o porque no se quieren dormir, al instante llegan estas escenas que lo pueden todo. Y me llega esa culpa de haber pensado tantas cosas en el "mientras tanto".




Ayer, hablando en la puerta de Jardín de Mila, una mamá me decía con cara de culpa que no daba más, que se caía del sueño. El fin de semana vinieron a visitarnos, y una amiga, que todavía no es mamá me dijo que nunca se iba a olvidar cuando vino a casa y yo estaba con mi hija mayor de no más de un mes, y le confesé sin pudor que a la noche, cuando lloraba sin parar, tenía instintos asesinos del sueño y de la impotencia de ese llanto que no frenaba. Es que nadie te la cuenta. Incluso una misma se suele olvidar de día de todas las cosas que pasan (o piensa) de noche, porque la luz lo puede todo. O casi todo. Y la que está del otro lado, sin planes de tener hijos por el momento, o en su búsqueda, te mira con cara de "esta mujer está loca". Tengo otra amiga que siempre me cuenta que tiene un pacto con el marido: lo que pasa a la noche en épocas de pañales y lactancia, queda en la noche. A la mañana siguiente, no se habla del tema. Me pareció un buen pacto.Sano, al menos. ;)


Me encanta esta foto. Es mi típica cara de viernes. No la tengo más grande, pero tengo muchas ojeras y estoy toda despeinada.  No me acuerdo si me reía para la foto o de verdad me estaba riendo. Sólo me acuerdo que estaba demasiado cansada.

Creo que si pido que levante la mano la madre que nunca tuvo estos pensamientos, sólo lo haría la reencarnación de la Madre Teresa.  Disculpen las que no los tienen y las admiro profundamente. No está mal pensar mal. Es normal. Normalísimo. Todas (o casi todas) partimos de la base de que los amamos con toda el Alma, que elegimos ser madres, que queremos seguir trayendo hijos al mundo, que nos alegran los días, que nos ponen en perspectiva, nos enseñan a ver que hay cosas mucho más importantes que las que nos enganchan en el día a día. Pero somos humanas y nos cansamos. Queremos bañarnos sin que nadie entre en el baño o terminar de ver aquella película que arrancamos hace tres semanas y la estamos mirando en cuotas.Otra amiga me dejó un mensaje muy gracioso hace pocas semanas, y me dijo que tenía Tejiendo Infancia en su mesita de luz "para esos días que las quiero meter en el barro y que no salgan por un rato. Cuando lo dudo, vuelvo al libro", me dejó grabado con una carcajada.

Ponemos todo nuestro cuerpo y nuestra cabeza en esta tarea de estar presentes, de educar, de mimar, de cuidar. Difícil creer que nadie se canse haciendo eso y que, por momentos, quiera tirar la toalla y salir corriendo. De ahí a que lo hagamos, hay un largo trecho. Pero, insisto: es normal, es sano y hasta necesario, confesar que todas tenemos esos malos pensamientos. 

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POR QUÉ ESCRIBO

POR QUÉ ESCRIBO
Porque hace bien al Alma. Porque sana. Porque me ayuda a no olvidar. Porque me ayuda a recordar. Porque a veces la gente no encuentra el orden exacto de las palabras y yo sí. Porque no siempre sé decir en voz alta. Porque me deja volar un rato y salirme del día a día. Porque algún día mis hijas van a aprender a leer. Y otro día, a escribir. Y van a ser ellas las voces detrás de este teclado y los ojos que van a mirar lo que yo algún día vi.

DETRÁS DEL LENTE

DETRÁS DEL LENTE
Todas las fotos que ven en mi blog las saco yo. Muchas las saqué con mi Cannon G10, máquina que amé y sigo amando, pero ¡ya llegó a su máximo de cliks! Me acompañó desde 2009 hasta el año pasado, que pidió un cambio. Viajó por Tailandia y por Chile; disfrutó de los mejores veranos en la playa en familia; fue testigo de nuestros miles de kilómetros en moto; nos acompañó bajando montañas de nieve; pudo ver cómo nuestra vida en el campo se fue transformando día a día; vio crecer a nuestros perros; retrató las primeras sonrisas de mis hijas. En 2015 pidió un cambio así que, por esas cosas que tiene el azar, Tere, mi íntima amiga, me vendió su Nikon 3500. Todavía no le tengo el aprecio que le tuve a la Cannon (siempre recomendaría esta máquina porque es semi profesional. Me sirvió mucho para vender fotos en las notas que me han publicado). Las demás fotos las saco (y saqué) con el Iphone 6.

ALGO DE MI

ALGO DE MI
Soy una mezcla de todo. Fui charlista de cenáculos, atleta federada, secretaria ejecutiva. Recorrí más de 5.000 kilómetros en moto por el mundo y saqué cientos de fotos desde el asiento de atrás. Caminé con górilas en Ruanda y fui pasante en Para Tí. Viví algunos días en el monte formoseño y otros tanto, en la clínica La Prairie. Soy periodista de profesión, y comunicadora, de vocación. Leí la saga completa de Harry Potter y nunca entendí a Cortázar. Tengo una huerta en mi casa y me gusta cocinar. Soy amiga, esposa, hija, hermana y madre dos niñas que me dieron vuelta el mundo. Tengo 34 años y sigo usando All Stars.